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La otra orilla. Migraciones al sur del Mediterráneo

Abstract

Desde los inicios de la ocupación francesa de Argelia, a mediados del siglo XIX, un gran número de españoles, italianos y malteses, huyendo de la miseria y del hambre o como consecuencia de la inestabilidad política y social en sus lugares de origen, se dirigieron al país magrebí en busca de una vida mejor. La amalgama creada en la Argelia colonial con la coexistencia e interacción de diferentes realidades culturales, dio lugar a un nuevo sentimiento de pertenencia en el seno de la comunidad de origen europeo.

1. ¿Qué los empujó a emigrar?

Para conocer que empuja a alguien a dejar la tierra donde ha nacido, lejos de amigos y familiares, es necesario desvelar el universo en el que se mueve el emigrante, así como el medio que lo hace partir. Todos los autores que han estudiado este fenómeno identifican al menos dos causas fundamentales por las que se dio la emigración de españoles, italianos y malteses a Argelia: una económica y otra política. También se citan otros motivos como el afán de aventura, evitar el reclutamiento o la huída por una causa pendiente con la justicia. En la mayoría de los casos es difícil especificar una razón concreta por la cual se produjo la migración, ya que generalmente se daban simultáneamente diversas causas. Bonmatí (1988) diferencia entre los factores pull, los factores de atracción al lugar de destino, de los factores push o factores de rechazo del punto de partida. Destacamos entre los factores pull favorables a la emigración: la proximidad geográfica, la similitud de clima y de paisaje entre las regiones de origen y de destino, la rapidez del trayecto y las bajas tarifas de los pasajes, además de la mejora de los servicios de transporte marítimo, que propiciaban un fácil retorno, y que junto al efecto llamada de los emigrantes ya establecidos, el recuerdo de buenas experiencias pasadas y la propaganda de los agentes de emigración que ofrecían un trabajo asegurado, constituyen un incentivo irresistible par un campesinado cansado del clima y del régimen de propiedad.
A partir de la anexión de Argelia a Francia, el 1834, se crearon los departamentos franceses de Argel, Orán y Constantina. La proximidad geográfica propició desde los inicios de la ocupación, la instalación en la región de Argel de más de 100 familias menorquinas. A Orán llegaron emigrantes procedentes de Alicante, Murcia y Almería, y a la región de Constantina, más próxima a la costa siciliana, italianos y malteses.

2. El contexto del emigrante
En lo que respecta a las cifras de la población de origen español en la región de Orán, a principios del siglo XX se llegan a contabilizar 230.000 españoles frente a 110.000 habitantes de origen francés (Jordi, 1996). Desde los inicios de la ocupación de Argelia, Francia había fomentado la concesión de tierras gratuitas a franceses metropolitanos. Alsacianos, loreneses y parisinos, en su mayoría obreros urbanos, fueron los primeros en ocupar tierras en la colonia, pero su instalación fue un auténtico fracaso. Los colonos metropolitanos no estaban preparados para las duras condiciones que les esperaban, desconocedores del nuevo oficio que les había tocado y viviendo en terrenos malsanos donde las epidemias eran frecuentes, pronto quedaron reducidos a la mitad por muerte o abandono. Por otro parte, la comunidad proveniente de las costas mediterráneas era muy apreciada por las autoridades francesas, ante la facilidad que mostraba para adaptarse al clima y al arduo trabajo. En el año 1850, un inspector francés dice sobre la población española que “estas familias esencialmente agrícolas, ahorradoras, enérgicas y laboriosas no tardarán en prosperar. Pertenecen a una clase honesta, sobria y trabajadora de campesinos españoles que casi siempre logran sus objetivos” (citado en Jordi, 1996, p.102). Encontramos elogios similares dirigidos a la comunidad italiana, recogidos en Crespo (1994) “el italiano sobresale en las tareas más trabajosas, el sardo se deja dulcemente guiar por los contramaestres, evita las discusiones y las reyertas con sus compañeros de trabajo, se muestra siempre educado y correcto con sus capataces” (p.126). Pero a partir del 1870 la percepción del buen migrante, representada por españoles e italianos, empezó a evolucionar hacia una apreciación negativa y un cambio de actitud respecto a éstos. La noción de peligro extranjero hace su aparición en la prensa colonial y en boca de políticos locales con fines electoralistas. En realidad, según Vilar (1989), este supuesto peligro residía en la superioridad numérica de los europeos no franceses. La afluencia de españoles, italianos y malteses había quebrado la dualidad colonial colonizador-colonizado, introduciendo un nuevo antagonismo con la oposición francés-extranjero. El año 1889 en un acto político deliberado que tenía como objetivo restablecer la sociedad colonial, se aprobó la ley de naturalización automática que supuso la nacionalización de los europeos no franceses, prácticamente sin posibilidad de elección. Pero más allá de la legislación, o incluso del papel de la escuela francesa en la asimilación jurídica y social de los europeos no franceses, fueron las fuerzas inherentes del contacto entre las distintas comunidades que convivían en la colonia, las que con el paso del tiempo comportaron un sentimiento compartido de pertenencia a la Argelia francesa.

3. Amalgama cultural
Poco a poco la comunidad emigrada fue arraigando en Argelia. El contacto diario con las diversas manifestaciones francesas, italianas o maltesas, terminó definiendo el europeo como una unidad donde cabía multiplicidad de realidades culturales y lingüísticas, y marcó el vínculo definitivo de los descendientes de las primeras generaciones de migrantes a su lugar de nacimiento. Sin embargo, se creó paralelamente una oposición entre la figura del europeo y las comunidades originarios del país: árabes e imaziguen o bereberes, a los que se les privó de la mayoría de sus derechos políticos. La emigración de origen económico se transformó poco a poco en una migración de poblamiento colonizador, cuando los colonos mediterráneos se convirtieron oficialmente en ciudadanos franceses.
No obstante su condición de franceses, la comunidad emigrada de origen mediterráneo mantuvo costumbres y tradiciones propias de sus lugares de origen, formando una amalgama de gran diversidad sociocultural y lingüística. Pese a su pobreza, destacaban por el cuidado de su vestimenta. Era sobre todo el domingo cuando se mostraban más elegantes, fieles a las camisas blancas y al pliegue de los pantalones, nos dice Camus (1994). Albert Camus, descendiente por parte materna de emigrantes de origen menorquín, pasó su infancia en Argel, en el barrio popular de Belcourt, cuya población tenía orígenes muy diversos. Este hecho se refleja en sus novelas, en las que aparecen indistintamente personajes malteses, italianos, franceses, españoles, judíos y árabes. También en Argel se encontraban los barrios de la Marina, conocido como El pequeño Nápoles y Bab el-Ouad, también llamado La pequeña España. Alrededor de los barrios de Bab el-Ouad y de la Marina, la mezcolanza de orígenes se hacía sentir en todos los ámbitos, pero era sobre todo en los momentos de ocio y durante las fiestas populares cuando más relucía la heterogeneidad de tradiciones mediterráneas (Menages & Monjo, 2007). La vida transcurría sobre todo en el espacio público, en las plazas, en los patios de las casas, en los balcones o en los bares. A parte de los comercios habituales, muchos de los productos que se adquirían se compraban a carreteros ambulantes. El trabajo del carretero era esencial para abastecer las despensas con los productos necesarios para la elaboración de una dieta mediterránea, en la que destacaban la paella, el gazpacho, pero también las pizzas, los raviolis y los macarrones a la napolitana, el cuscús, las sardinas o la sobrasada.
Con el paso de los años se abrieron muchos bares que ofrecían gran diversidad de espectáculos. Las representaciones teatrales eran muy populares, y acudían a la colonia compañías provenientes de la otra orilla del mar. A partir de los años 20, el cine se convirtió en una de las diversiones preferidas de los europeos de Argelia. Pero las distracciones más importantes no dejaban de ser las que correspondían a las celebraciones religiosas y populares que la comunidad mediterránea había importado de sus respectivos lugares de origen. Los emigrantes de origen alicantino celebraban en la colonia las Hogueras de San Juan. El Domingo de Ramos era otra de las festividades más participativas, así como el lunes de Pascua, día en que era tradición ir de excursión a los bosques o a las playas más cercanas de la ciudad. La mayoría de los pescadores napolitanos se agrupaban en cofradías, los miembros de las cuales eran llamados fratielli (Crespo, 1994). La religión, que tenía un lugar relevante entre la comunidad emigrada de origen mediterráneo, estaba ligada a supersticiones como el mal de ojo, contra el cual combatían con diversos amuletos, como la mano de Fátima, muy utilizada en el norte de África o un pequeño cuerno hecho de coral rojo, propio del sur de Italia, muestra del sincretismo que se vivía en la Argelia colonial.

4. Conclusiones
El recuerdo de la Argelia francesa parece ahora un espejismo. Descrita a veces como la situación falsa más trágica de nuestra época, ha dejado detrás de sí un legado histórico no exento de tragedias humanas y de injusticias, pero tampoco de ejemplos y de paralelismos que nos acercan y hacen reflexionar sobre nuestra historia y nuestro entorno social más actual. Nuestros antepasados cruzaron el Mediterráneo de norte a sur, como los migrantes de nuestros días lo hacen a la inversa.

References
Bonmatí Antón, J. F. (1988). La emigración de alicantinos a Argelia durante los siglos XIX y XX. Alicante: Instituto de estudios Juan Gil-Albert.
Crespo, G. (1994). Les italiens en Algérie 1830-1960. Nice: Editions Jacques Gandini.
Jordi, J. J. (1996). Espagnol en Oranie. Histoire d’une migration. Nice: Editions Jacques Gandini.
Menages, À. R., & Monjo, J. Ll. (2007). Els valencians d’Algèria (1830-1962). Memòria i patrimoni d’una comunitat emigrada. Picanya: Edicions del Bullent.
Camus, A. (1994). Le premier homme. Barcelona: Éditions Gallimard.
Vilar Ramírez, J. B. (1989) Los españoles en la Argelia francesa (1830-1914). Murcia: Instituto de Estudios Científicos, CSIC.

About the author(s):

PhD student at University of Girona.

plujadeneu@gmail.com

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